Hace un par de días pudimos ver un video de la no primera dama, ex no primera dama o cualquiera que sea el papel que tiene Doña Beatriz en nuestro país (si todavía tiene alguno o en algún momento lo tuvo).

La primera palabra que se me viene a la mente cuando lo veo es: perturbador. Por muchas razones y la primera, tal vez, es el timing. Justo un par de días antes de la Marcha Rosa, nuestra no tan flamante, no primera dama, utiliza de fondo para su video el zócalo, el lugar en donde se llevará a cabo la marcha de la oposición.
“Tiene un dueño que es particularmente autoritario…” la no tan flamante no primera dama nos lee fragmentos de “La rebelión en la granja” de George Orwell y nos lleva a reflexionar sobre esta novela junto con otro personaje, uno histórico: Napoleón.
“Podemos ir vinculando realidades del pasado con realidades que conocemos el día de hoy”.
Son tantas las interpretaciones que se le pueden dar a este video, que la conclusión a la que llego es que justamente nos quieren así: interpretando.
Es algo que ha hecho el régimen todos los días de su mandato: dar información en todos sentidos, confusa, inexacta, dejar que saquemos conclusiones e interpretaciones. ¿Por qué? Porque así nos mantienen distraídos.
Y ojo, no dudo que pueda tener algún mensaje oculto, pero caer en la tentación de interpretar algo que puede ir en cualquier sentido es ocioso.
Lo que sí hizo la no primera dama fue recordarme a un gran personaje de esta novela y digo gran, no por que sea positivo, todo lo contrario. Squealer es una representación clara de cómo el lenguaje puede ser utilizado como una herramienta de control social y político.
En su novela La rebelión en la granja, George Orwell nos advierte sobre el poder del lenguaje en manos de aquellos que buscan manipular la verdad y mantener su dominio sobre otros.
Esto es especialmente relevante en el contexto de regímenes autoritarios o que lo pretenden ser como el que vivimos, pero también tiene implicaciones para las democracias contemporáneas, donde el control de la información y la propaganda pueden influir significativamente en la opinión pública y las decisiones políticas.
El autor de la novela nos recuerda la importancia de ser críticos con la información que recibimos, de cuestionar las narrativas oficiales y de defender la verdad como un medio para preservar la libertad y la justicia en la sociedad.
Squealer me recuerda a Epigmenio y otros propagandistas de la 4T… no sé si a ustedes les pasa lo mismo.
Dar información vaga, que se presta a interpretaciones que en ocasiones puede llegar a ser contrastante e inclusive opuesta, es de personas con pensamiento superficial.
Dudo mucho que la esposa del dictador haya leído el libro, en el estricto sentido de la palabra que va más allá de pasar la vista sobre las letras. De hecho, hay gente (como ellos) que habla de lo que otros hablan para sentirse aceptados en un ambiente claramente snob (claro síntoma de sentimiento de inferioridad), sin siquiera haberse tomado la molestia de abrevar en el manantial de la sabiduría.
No creo que sea una estrategia distractora, antes bien, supongo que es parte de presumir involuntariamente su neja ignorancia.
Excelente artículo