Octavio Paz escribía en posdata sobre la existencia de dos dominios: el de las ideas y el de las creencias.

Las creencias son las que viven en las capas más profundas del alma y, por eso, cambian mucho menos que las ideas, escribía Paz.

Toda la comunicación alrededor de la 4T está construida de creencias. Los otros datos, el pueblo bueno y sabio, la chancla de la abuela, el lago de Texcoco, un fraude electoral y así nos podríamos seguir con  un sinfín de creencias que sustentan una “ideología” que parece, le cae muy bien al mexicano.

Cuando Xóchitl llegó a la escena la 4T comenzó con las “maromas”. Descalificar sus mismas creencias ha sido la misión.

Hoy se burlan de la forma de hablar de Xóchitl cuando millones de veces criticaron a los que se burlaban del acento de Andrés.

Así podríamos contar una gran cantidad de incongruencias en las que ha caído el aparato propagandístico porque Xóchitl los tomó por sorpresa. Pero no por ella sino porque representa todo aquello que construyeron a partir de las creencias y no de las ideas.

Hoy en el discurso del régimen es más importante que Claudia sea doctora o esté delgada, que hable bien inglés y que se haya educado en el extranjero a que Xóchitl sea auténtica y conecte con las personas. Que tenga un origen humilde y una historia de superación. Hoy la “izquierda” defiende a una candidata “fifí”.

Pero hay algo todavía peor para el régimen: el equipo de precampaña de Claudia.

Mario Delgado, Adán Augusto López, Ricardo Monreal, Gerardo Fernandez Noroña, Tatiana Clouthier y Citlalli Hernandez, entre otros miembros de la 4T, que más que ser personas cercanas a Claudia son fieles soldados de Andrés.

¿En dónde está el gabinete que la acompañó en el gobierno de la CDMX? No están, por lo menos en los reflectores: su lugar lo han tomado los priístas reivindicados. Claro que Claudia tiene una gran explicación para eso. Los priístas apoyan su campaña pero no se van a unir a Morena ni tendrán puestos, vaya, lo hacen de buena fe, porque lo suyo, lo suyo es y siempre ha sido (guiño, guiño) las buenas obras.

Estos ex priístas tantas veces señalados por el régimen como corruptos, nos están mostrando que ellos no tienen el más mínimo interés en el dinero, el poder ni nada de eso. Ellos quieren apoyar la cuarta transformación del PRI, digo, del país.

Qué linda historia, conmueve hasta las lágrimas. Llena de creencias casi místicas: la transformación es capaz de convertir a todos sus amigos en potenciales premios Nobel de la Paz, en monjes tibetanos, en santos, santos, santos a menos que…

Solo se haya estado acomodando a los peones, las torres y los caballos de… el verdadero ajedrecista.