En las democracias existe una herramienta que no existe en ninguna otra forma de gobierno: la elección de nuestros gobernantes. También existen otras, dependiendo del tipo de gobierno democrático del que estemos hablando, como la elección de los representantes en las cámaras.

Pero hay una invaluable: la evaluación por medio del voto. En países como Estados Unidos hay reelección para presidente; en el nuestro no, pero sí podemos, por medio del voto, premiar o castigar a nuestros gobernantes. Desde el año 2000 hasta la fecha, podemos decir que esto ha sucedido. El PRI perdió por años y años de corrupción y abuso. El PAN fue castigado por la violencia que se vivió durante el sexenio de Calderón. EPN por la corrupción en su gobierno y temas puntuales como los 43 o la Casa Blanca, etc. Si Morena no es castigado por casos de corrupción como el de Segalmex, el peor escándalo de corrupción de los últimos sexenios (el doble de dinero de la estafa maestra); o por los más de 167 mil homicidios y 113 mil desapariciones. Por el aumento de la deuda, las adjudicaciones directas como en ningún otro sexenio, el sobreprecio de los mega proyectos y una larga lista de fracasos y promesas sin cumplir; el mensaje que se estará enviando a los políticos, todos, es que basta con ser popular, utilizar la propaganda política y comprar votos. En ese panorama todos perdemos, pero más: nuestra democracia.

¿Lo vamos a permitir? Es más, a ti que me lees te pregunto: ¿lo vas a permitir? ¿Estás dispuesto a dejar que este régimen se quede en la impunidad y se instaure como nueva forma de gobierno? Ya no es momento de ser tibios, hay que salir con los vecinos, platicar con la familia, explicarles las razones y exhibir las mentiras. Porque la lección será dura y clara: para el régimen o para los que permitieron que se instaurara.