Hoy otra pequeña reflexión, ya tendremos tiempo de escribir textos más largos…
En medio del ambiente tan polarizado en el que vivimos, es común leer de todo en redes sociales. Creo que lo que más me llama la atención es que nos digan, a los que no aplaudimos al gobierno, que odiamos a Andrés.

Han confundido la indignación y el enojo por los cientos de miles de asesinatos y desparecidos, la inflación, el mediocre crecimiento económico, la pésima educación, la escasez de medicamentos, las masacres, la corrupción cínica y una larga lista de fallos de este gobierno, con el odio a una persona: Andrés.
No, indignación y enojo, no es odio. Y Andrés solo es la víctima oportunista que con cada masacre dice: me odian. El narcisismo de Andrés se volvió colectivo y dejaron de lado a las verdaderas víctimas para suplantar su papel y sus argumentos.
“Nos odian, les duele, te molesta, te enoja”… los argumentos en este sexenio simplemente no existen, le dejaron a las tripas y al sentimiento toda la labor. Es más, hasta un aeropuerto se evalúa así. “Está hermoso”, decían los aplaudidores del aeropuerto de Santa Lucía cuando lo iban a ver. Oiga pues qué bueno que le gustó, pero con lo que nos cuesta, sería una buena puntada que funcionara, que tuviéramos un desahogo del tráfico del aeropuerto Benito Juárez y que pudiéramos ver algunos números sobre el retorno de inversión. Porque todos los contribuyentes aportamos para su aeropuerto y lo menos que podríamos pedir es que tuviera algún beneficio económico. Pero eso en la 4T no existe, los números y los argumentos sobran.
Así nadaron de muertito hasta hoy porque Andrés es un personaje, uno carismático que se ha sabido ganar la simpatía de sus seguidores pero… ¿Cómo le va a hacer Claudia? Se los dejo para la reflexión, si gana Claudia, yo solo veo un camino posible para tapar sus errores.
Algo para reflexionar
;)
Mucha cordura. En efecto, en la mayoría de nosotros no hay odio hacia López y cía, hay enojo, indignación, y en mi caso, un desprecio absoluto que es equivalente al que él tiene por nosotros.
Gracias por leerme ;)
El odio siempre desea el mal.
La envidia siempre tiene como consecuencia el odio y su ejecución consiguiente.
La mejor definición del delincuente confeso la hace El Jefe Diego, intitulando Tartufo, como el tristemente célebre personaje de Molière, quien tergiversa situaciones y razones.
Los apasionados seguidores de Tartufo creen sin cuestionar (como buena secta) que su palabra es inmaculada, por eso desconocen que términos como odio, facho, clasista, racista o conservador se aplica justamente a ellos.
En un mar de mitocracia, donde la verdad y la mentira se cuecen en un mismo perol, se confunde a las mentes más sencillas, parcas o renuentes por el aprendizaje.