Hace algunas décadas en los supermercados se utilizaban etiquetas para ponerle el precio a cada uno de los artículos que se vendían. Una labor titánica que se acompañaba del trabajo de las y los cajeros: teclear cada uno de los precios en la máquina registradora.
En México, como todos sabemos, ha habido temporadas de inestabilidad económica en donde la inflación aumenta sin control. De la misma manera se tenían que reetiquetar los precios. Varias veces al mes se colocaba una etiqueta encima de otra para poder ir corriendo la carrera que la inflación marcaba.
Hoy toda esta actividad que parece del paleolítico me recordó lo que hace el aparato propagandístico del gobierno.

Me explico: el cerebro humano “cataloga” según la “etiqueta” que tienen los conceptos que aprende a lo largo de su vida. Así sabe en pocos segundos que robar está mal. Cuando ve a alguien robando o lee que alguien robó: el cerebro cataloga como “malo” con la etiqueta “robo” y lo manda al cajón de los malos. Lo que mañosamente hace el aparato del propaganda del gobierno es “truquear” la información que llega a nuestro cerebro para que no cataloguemos según la información que tenemos de las etiquetas, reetiquetando cada concepto negativo.
Así cuando sale Pío López Obrador recibiendo moches, las cabezas del aparato propagandístico “reetiquetan” como lo hacían los súpers con los precios. No son moches, la nueva etiqueta dice “aportaciones”. Ahora nuestro cerebro no puede enviar al cajón de los malos a Pío porque él recibe aportaciones, lo que nuestro cerebro tiende a catalogar como bueno o neutral. Cuando una estructura se desplaza tampoco es malo y un meme es divertido, no misógino o malo, porque en él se utiliza a La Santa Muerte. Estos son pequeños ejemplos del “supermercado en tiempos de inflación” que ha creado el Estado en su afán de minimizar el impacto de los escándalos.
¿Es eficaz?
Según el artículo de neurolingüística, Aspectos emocionales del lenguaje:
“las interacciones entre lenguaje y emoción implican la activación de un conjunto de regiones cerebrales relacionadas con distintos procesos afectivos y lingüísticos, tales como áreas de la corteza frontal y temporal o estructuras subcorticales como la amígdala. En su conjunto, los resultados de estos trabajos muestran con claridad que el contenido emocional determina ciertos aspectos del modo en el que adquirimos y procesamos el lenguaje”.
¿Qué quiere decir eso?
Que al cambiar la relación emocional de las palabras estamos inhibiendo algunas reacciones relacionadas a la actividad de ciertas zonas del cerebro. Si la palabra “moche” nos molesta y hasta nos hace enojar, la palabra “aportación” nos puede evocar un sentimiento de compañerismo.
En mi opinión esta práctica de “reetiquetado” ha sido, sin duda, importante y ha ayudado al control de daños por parte del estado. Sin embargo, ha sido rebasada como lo sería si una cadena del tamaño de Walmart decidiera hoy cambiar sus precios de manera periódica “reetiquetando” mercancía.
¿Se imaginan el volumen de etiquetas de una tienda que recibe 45mil personas al día como muchos de las tiendas Walmart en México? Pues así con las redes sociales. Podrán alcanzar a una parte y convencerlos de que una imagen de La Santa Muerte es un meme — es algo gracioso amigos, se pueden reír–.
Pero la mayor parte de las personas se quedarán con una imagen negativa en la cabeza, lo que no sería grave si esto fuera esporádico. El problema con el actual gobierno es que sucede todos los días. A estas alturas ya tienen su propio diccionario y un revoltijo de reetiquetas — mal catalogadas– en los cajones del cerebro que hacen ruido hasta al más creyente de sus seguidores.
Excelente artículo.
¡Muchas gracias!
Excelente artículo
¡Muchas gracias!
Al anular la respuesta condicionada, desaparece la emoción que conlleva un error o ilícito cometido, cancelando la cabeza caliente de irritación que normalmente ocurriría.
La peor herencia que ha dejado este régimen, no es la estela de destrucción y muerte que, como langosta hambrienta, ha dejado con su paso; sino la estandarización de una pesadilla que para los jóvenes se convierte en normalidad, quienes asumen que la situación anterior fue igual o peor.
Totalmente, las muertes son irreparables pero no es la primera vez que sucede. La normalidad de la pesadilla es el legado de terror del régimen.
Hola Van,
Me hiciste recordar mi infiancia, mi papa tenia una farmacia, y me encantaba acabarme las etiquetas de la etiquetadora manual haciando una tira de eitquetas pegadas una tras otra, mi papa me daba unas regañadas!! jaja
Con respecto a tu artucilo, es como siempre muy interesante… y si este gobieron y 4T no han hecho otra cosa que tratar de minimizar acciones con lavado de cerebro a muchas personas.
ojala seamos más los que no nos dejamos llevar por esta manipulación .
Como siempre un placer leerte , siepre tus letras serán una lectura agradable.
Te mando un fuerte abrazo.