He recorrido una buena parte de Alemania, la primera vez lo hice de Back Pack con un presupuesto de 10 USD al día con lo que tenía que hospedarme, comer y transportarme. Dormía en albergues, caminé con y sin rumbo días completos y hasta me dieron dinero en un Tren para comer… ¡así de mal me veía!. Pero también ayudó que la monja que nos dio el dinero (iba acompañada de una amiga) tenía la percepción de que México era un país muy, muy, muy pobre. Le tengo un cariño especial a ese país.

Respeto mucho a los alemanes, a uno de ellos le pregunté una vez qué hacía en sus ratos libres, ¿cuáles? me contestó, aquí todo es “work, work, work”.

Sentarte con ellos a tomar una cerveza en un parque o en una taberna en la noche, conocer esa parte humana que ríe y canta y comparte contigo, es llegar inevitablemente a la pregunta ¿cómo pudieron hacer cosas tan terribles?

La respuesta es tan sencilla y tan compleja.

Como buen ser curioso que soy esta pregunta que me hice en Colonia, Alemania, me acompañó hasta el día que tuve que decidir de qué tema iba a hacer mi tesis de licenciatura. La propaganda política era un tema fascinante y el motivo que llevó a una parte de Alemania a escribir uno de los peores capítulos de la historia de la humanidad me dio mi tema. Analicé cientos de carteles de la Segunda Guerra Mundial desde diferentes aristas para poder descifrar el poder de la propaganda en tiempos de Guerra.

Para ese momento había ya estudiado cinco años de la licenciatura en publicidad y no fue hasta que leí, analicé y escribí del tema, que me pude dar una respuesta.

“La propaganda puede compararse con la publicidad en cuanto tiende a crear, transformar o confirmar opiniones y usa algunos de los medios propios de ésta; pero se distingue de ella porque persigue un fin político y no comercial. Las necesidades o las preferencias que suscita la publicidad están enderezadas a un producto particular, mientras que la propaganda sugiere o impone creencias o reflejos que a menudo modifican el comportamiento, el psiquismo y aún las convicciones religiosas o filosóficas. La propaganda por consiguiente, influye en la actitud fundamental del ser humano. En este sentido puede comparársela con la educación; pero las técnicas que emplea habitualmente y, sobre todo, su designio de convencer y subyugar, sin formar, la hacen su antítesis.”

Domenach

Los términos publicidad, propaganda y más reciente marketing político se utilizan indiscriminadamente para todo lo que sea “vender una imagen”. Incluso las relaciones públicas pueden entrar en este cajón tan grande. La gran diferencia entre ellas es que la publicidad habla de marcas, el marketing habla de políticos o partidos, y la propaganda habla de ideologías, de religión.

La publicidad genera una imagen para que el consumidor compre, el marketing genera una imagen para que el ciudadano vote. La propaganda manipula para que cambies tu comportamiento, tus convicciones y hasta tu moral.

La cita de Domenach termina con la mejor definición que puede haber: la propaganda política es la antítesis de la educación.

Ahora la parte compleja: ¿cómo saber cuándo es propaganda? Cuando hay un enemigo, cuando hay buenos y malos. Las religiones como la católica y todos sus derivados son un claro ejemplo: el cielo y el infierno. Pero hay muchas otras que no son tan francas y aún así hablan del bien tratando de omitir la dicotomía obligada: si hay bien, tiene que haber mal.

La propaganda nos transforma, llega directo a las emociones, suprimiendo nuestra parte racional. La propaganda divide, crea fanáticos, saca la peor parte del ser humano: la parte que hace que una persona se inmole, que hayan existido campos de concentración.

La 4T ha utilizado la propaganda siguiendo cada uno de los principios de Goebbels y les ha funcionado. Hay razones para ello como las hubo en Alemania. No me voy a detener mucho explicándolo porque es un tema extenso; basta saber que los propagandistas de la 4T se dedican a generar emociones, enemigos, a polarizar y a dividir. ¿Cuál es el fin? no es tan complejo, cualquier político que evade las cifras, que habla de buenos y malos quiere una sola cosa: el poder, mantenerse en el poder.

En la guerra, en el amor y ¿en la política? Todo se vale.

El uso de la propaganda política también es un tabú. ¿Hasta dónde se vale? o simplemente ¿se vale?.

Creo que esa es una pregunta que nos tendríamos que hacer como país y la tendríamos que acompañar de muchas otras.

Hoy con la pandemia hemos visto ciertos comentarios que deberían empezar a preocuparnos.

  • “Solo le da a los ricos”
  • “Somos un pueblo fuerte”
  • “El virus nos la pela”
  • “No sabe con quién se mete”

El falso sentimiento de superioridad que va instalando la propaganda política en los individuos es realmente peligroso. Porque ya no solo estamos divididos y polarizados. Ya podemos desafiar hasta las enfermedades, la soberbia da para eso y más.

Justo cuando las economías mundiales colapsan y nos auguran un camino difícil, justo cuando necesitamos ser más, no menos.

Andrés, has tomado el camino más triste: el de la antítesis de la educación, el de la antítesis de la unión y la cooperación, el de la antítesis de la ciencia… el del poder que te ha embriagado y sacado de la realidad:

¡detente! y hazlo ya.