Se ha hablado mucho de propaganda y de la propaganda Nazi, pero hay un tema que no se ha considerado mucho y es la razón por la cual funcionó: el odio.

“…pero cuando Hitler lanzaba sus invocaciones sobre la sangre y la raza a una multitud fanatizada que le respondía con los Sieg Heil, solo le preocupaba sobreexcitar, en lo más profundo de esa masa, el odio y el ansia de poder. Esta propaganda carece de objetivos concretos; se dispersa en gritos de guerra, imprecaciones, amenazas, profecías vagas, y si es necesario hacer promesas, éstas son tan descabelladas que no pueden ser admitidas por el ser humano, sino cuando en él la exaltación ha llegado a un punto que le hace responder sin reflexionar.” Domenach

El odio es uno de los sentimientos más poderosos, se le equipara en sus efectos sobre el cerebro al amor, pero es mucho más peligroso. El odio surge de la ira y se puede volver incontrolable. El odio es altamente contagioso y escala hasta la violencia porque está alimentado por la búsqueda constante de venganza.

Es mucho más sencillo odiar que razonar, se necesita más tiempo y un grado mayor de habilidad para construir razones que para dejar nacer emociones. Por eso es tan complejo el mundo de las emociones y tan efectivo: sentimos antes de razonar.

No fueron los nazis los que inventaron la propaganda, pero sin duda fueron ellos los que la “corrompieron” para poder manipular.

Domenach escribió sobre la propaganda nazi:

“Si se la considera en razón de su fuerza intrínseca, es una verdadera “artillería psicológica” en la que se emplea todo aquello que tenga valor de choque, y en la que, finalmente, con tal que la palabra cause efecto, la idea ya no cuenta.”

Voluntaria o involuntariamente, el gobierno y en especial Andrés con sus constantes señalamientos durante sus mañaneras, fomenta todos los días la división, el enfrentamiento, el resentimiento, el odio y probablemente sin intención podrá esto escalar hasta la violencia. De hecho, ya podemos hablar de violencia en el discurso, de ambos lados. Esto ha escalado y será peor cuando se sume el descontento por factores como: el desempleo, la inseguridad y las consecuencias de la crisis económica en general.

Entiendo el valor catártico que puede tener el señalar los errores del gobierno, el hacer valer la voz en una democracia; el problema es que hay una gran cantidad de ciudadanos que han sido adoctrinados para ver enemigos en todo aquel que no apruebe al régimen. Confrontarlos es atizar el fuego y correr el riesgo de que una pequeña chispa haga arder todo. Tenemos que ser más inteligentes, más humanos y pensar en estrategias que construyan y reviertan el odio antes de que todos lo lamentemos.

“El odio es el agente unificador más accesible y completo. Los movimientos de masas pueden levantarse sin creer en un Dios, pero nunca sin creer en un demonio”. Eric Hoffer