Dicen los psicólogos

Educa a un hijo sin límites y tendrás a un niño tirano en casa”.

En una familia los padres son la figura de autoridad, en un país: es el presidente. Cuando los papás cometen el error de sentir que coartan la libertad de los niños al poner límites, hacen un terrible daño a la autoestima, la seguridad y confianza de los niños.

Un gobierno que no pone límites funciona parecido.

Desde que llegó Andres a la presidencia hemos escuchado frases como: abrazos no balazos, que resultan o resultarían muy adecuadas viniendo de un líder religioso, pero, ¿qué pasa cuando viene del jefe supremo del ejército? ¿Qué pasa cuando lo aplica igual para un ciudadano que trabaja, paga impuestos y respeta la ley que para un Ovidio Guzmán?

Pues pierde el sentido ser “buen ciudadano”.

Detrás de los límites hay algo que no estamos dispuestos a hacer: ser congruentes.

Si pongo un límite es porque yo mismo tengo límites. ¿Cómo le pides a tu hijo que no coma porquerías si tú lo haces? ¿Cómo haces una campaña de prevención de la obesidad desde una fonda? ¿Cómo le pides a Fecal o a sus seguidores que no le digan cacas a Andrés? ¿Cómo pides que las personas se queden en su casa y te vas de gira? ¿Cómo quieres acabar con la corrupción y te dejas tomar fotos en una reunión de sicarios?

Si no eres congruente, y te quejas todo el día, terminarás siendo la vecina chismosa que de puertas para afuera todo lo ve mal, pero su casa es un cochinero.

Uno de los ejes de este gobierno es combatir la corrupción. Y la pregunta es ¿se puede combatir la corrupción sin respetar la ley? ¿Se puede combatir la corrupción sin poner límites?

No, y la muestra son los países que han salido de un verdadero hoyo negro de corrupción como el caso de Singapur. ¿Qué hicieron? Asegurarse de que la ley se respeta: “el que la hace la paga”.

Andrés en campaña siempre decía: “nada por encima de la ley, nadie por encima de la ley”. Y su primer acto como presidente electo fue organizar una encuesta que carecía de todo sustento legal, que se enfocó en cancelar un aeropuerto pero jamás en “probar y castigar” a los culpables de la causa de la cancelación: los actos de corrupción. Lo pongo entre comillas porque más tarde el mismo Andrés dijo que no existía tal corrupción.

Hace unos días pasamos por otra encuesta similar. Siempre brincándose la ley.

Y la pregunta es: ¿con qué autoridad moral puede Andrés culpar a alguien de saltarse la ley?. No puede, y es probable que por eso no hemos visto a todos aquellos a quienes el candidato señalaba, en un proceso penal.

Este país necesita límites, necesita un verdadero jefe de Estado que ponga el ejemplo. Un presidente que sea capaz de dejar sus intereses personales por el país. Una figura de autoridad que pueda poner orden al mismo tiempo que planea y ejecuta acciones para minimizar los daños de una pandemia y los retos económicos que tenemos enfrente. Pero México tiene a la cabeza a un niño berrinchudo que no tiene límites. Simplemente le echa la culpa a sus compañeritos y se tira al suelo cuando lo cuestionan. Quiere su trenecito, su aeropuerto… quiere sus juguetes de niño y no está dispuesto a dejarlos para salvar al país.

Al fin es un niño sin límites: el tirano de casa.