Para los libros de historia, en toda guerra hay un ganador y un perdedor; en los hechos: todos pierden.

Falta relativamente poco para las siguientes elecciones, el gobierno, la oposición y sociedad civil tenemos que reflexionar si queremos seguir en un ambiente polarizado y luchar una guerra en donde “el triunfo” es algo ficticio o comenzar un largo camino de reconciliación.

¿Por qué?

Porque a nadie le conviene, a México no le conviene la polarización. Pero, contrario a lo que se cree, al gobierno tampoco le conviene. No han pasado ni dos años de que López Obrador tomó el poder y los resultados no llegan y es difícil pensar que llegarán. Esto quiere decir que un porcentaje de la población sigue creyendo en él, las expectativas de que las cosas mejoren son altas. Las malas decisiones y la pandemia han llevado a México a una situación económica que, si bien nos va, terminará el sexenio como estábamos. Lo que sinceramente se ve complicado por las apuestas a Pemex y demás proyectos consentidos y sin sentido de Andrés.

Cuando esto se refleje en pleno en los bolsillos no habrá Lozoya ni subsidios suficientes para mantener el apoyo y sí una oposición en guerra. El gobierno también necesita una sociedad menos polarizada, que se una para reconstruir.

De la oposición ni hablo porque simplemente no conseguirá nada si no gana votos. Es obvio.

Esto lo hemos escuchado muchas veces, es fácil hacer diagnósticos, el problema viene con el cómo.

“Elocuencia que persuade por dulzura, no por imperio; en tirano, no en rey. La elocuencia es un arte de decir las cosas de tal manera: 1o. Que aquellos a quienes se habla puedan entenderlas sin trabajo y con agrado. 2o. Que interesen en forma que el amor propio les lleve más bien a reflexionar sobre ellas.” Blaise Pascal

Hay un sencillo truco psicológico para hacer cambiar de opinión a alguien y no es nuevo, de hecho es muy viejo. Pascal en 1669 escribía del tema y no sólo como teoría. Hablaba de hechos comprobados y comprobables. Y se basa en algo muy básico: es más sencillo persuadir que imponer razones.

A nadie le gusta estar equivocado y mucho menos que para señalar mi equivocación me quieran imponer un punto de vista que de principio yo tomo como erróneo.

¿Entonces?

“Cuando tratamos de corregir con ventaja y mostrarle al otro que se equivoca, debemos notar desde qué punto de vista éste observa la cuestión, puesto que desde ahí es usualmente cierto, y reconocerle esa verdad, pero revelarle también el ángulo desde el cual es falso.”

Lo primero será aceptar que no hay blancos y negros, que hay muchísimos grises y en ellos podemos coincidir. Cada gris es un punto de vista, no una verdad absoluta.

Al reconocer que la otra parte tiene por lo menos una parte de verdad en sus grises, su punto de vista, “se queda satisfecho al ver que no estaba equivocado, y que solamente falló en observar todos los demás ángulos”.

De ambos lados tenemos que aprender que si una plática, discusión u observación comienza con una descalificación, porque no coincide con lo que yo percibo como “verdad absoluta”, no habrá forma de coincidir en los grises (que existen) y nadie gana.

Tener la razón, o querer tener la razón absoluta nos está llevando a una polarización que, como en las guerras, solo puede terminar en los libros de historia con un “vencedor”, pero en los hechos: todos lo pagaremos.