“Es gran virtud del hombre sereno oír todo lo que censuran contra él, para corregir lo que sea verdad y no alterarse por lo que sea mentira”.

J. W. von Goethe (Escritor, historiador, filósofo y economista alemán).

Este gobierno se ha caracterizado, en especial Andrés, por una intolerancia exacerbada contra la crítica, venga de quien venga y con la intención que sea.

Hay sí, críticas infundadas, pero muchas más con sustento y de ciudadanos que tienen o mejor dicho, tenemos todo el derecho de expresar nuestra opinión.

¿Lo hacemos por molestar?

No puedo entender cómo dentro de sus argumentos de defensa puede estar como eje central el odio a una persona. No se odia a una persona que no se conoce, se descalifican sus actos, pero da lo mismo si es Andrés, Juan o Luis. ¿Qué ganamos los ciudadanos de a pie criticando la cancelación del aeropuerto de Texcoco por odio? Nada. No es eso lo que mueve una crítica, son las consecuencias de la cancelación: es tirar a la basura el 30% de un aeropuerto, pagar eso y más porque ya se tenían comprometidos contratos y aparte invertir en un aeropuerto que no tiene ni siquiera el aval de la IATA.

Para entender la locura solo hace falta ver los números, la nueva terminal se calcula costará 72 mil millones de pesos, a lo que le tenemos que sumar  las pérdidas por la cancelación del NAIM, que ascienden a 100 mil millones. Al final tenemos un aeropuerto barato de 172 mil millones porque cancelamos el caro de 170 mil millones. No se probó la corrupción, no existe ningún lago y obviamente no es más barato Santa Lucía. Pero los costos en confianza de los inversionistas y sobre todo lo que implicaba para la economía tener un hub: 2.9% del producto interno bruto, 1 millón de trabajos y un largo etc. Nunca se van a recuperar.

Esto no, no es producto del odio ficticio a un señor, es la ciudadanía tratando de decir: no hagan tonterías porque tiene repercusiones.

*Imagen de Iata

Así podríamos revisar Pemex, Dos Bocas, el Tren Maya, la cancelación del Seguro Popular, del programa Prospera y muchas otras decisiones que se han criticando porque cuestan, cuestan dinero, cuestas empleos, cuestan hasta vidas. Pero simplemente Andrés se niega a escuchar.

¿Qué hay detrás de esos oídos sordos?

Algunos psicólogos hablan de inseguridad cuando se tiene poca capacidad de escuchar las críticas, yo no lo soy y no lo puedo afirmar. Pero a mis ojos ciudadanos veo una gran soberbia que surge de la “popularidad” de Andrés. Y lo pongo entre comillas, porque creo que es un punto clave, no han entendido que caerle bien a las personas, que tengan un buen concepto de ti, que piensen que eres honesto: no quiere decir que avalen todas tus decisiones.

Hay una discrepancia en todas las encuestas que han salido por lo menos en este año, en donde el presidente está bien evaluado, no así su gobierno. Las personas se dan cuenta de que las decisiones no han sido las correctas y así lo exponen. Pero desde la soberbia del poder piensan que eso no es tan importante como la popularidad de Andrés.

Y en realidad esto no importa, le puede dar la popularidad para ganar Estados, diputaciones y senadurías el año que entra, sí, definitivamente sí, pero al mismo tiempo le está distorsionando la realidad y eso impide que escuche más allá de lo que él cree que está bien. Eso, ni para él ni para el país es positivo. Lo correcto, con cualquier persona, es que pueda aceptar críticas y corregir lo que está mal. Si se pierde esa capacidad, no tiene sentido la democracia: el gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo. Andrés no es el pueblo y si en algún momento el pueblo lo eligió porque supo escuchar cuando era candidato, el pueblo lo condenará porque no lo supo escuchar cuando llegó al poder.