“Conejo rápido no llega lejos. Tortuga llega segura.”

Parece que nuestra sociedad ha decidido dar rienda suelta a los instintos: a la satisfacción inmediata. ¿Carpe diem? Esta expresión en latín que podemos encontrar en un sinnúmero de publicaciones en redes sociales, se utiliza como “vive el momento” pero en realidad su traducción es:  “Aprovecha el día”. La expresión del poeta Horacio (poema número 11 libro de Odas) la cito completa: “carpe diem quam minimum credula postero” y su traducción sería:  “Aprovecha el día y no confíes en el mañana”.

Hasta a los clásicos los han ajustado para decirnos, para tatuar en nuestros cerebros que hay que disfrutar hoy, aquí y ahora. Porque una sociedad de consumo necesita, a toda costa, convencernos de que tenemos que satisfacer nuestras necesidades (reales y/o creadas) en el momento: ¡ahora!

Es por eso que una hamburguesa de McDonald’s se tarda aproximadamente 1 minuto y medio desde el congelador en el que se encuentra almacenada hasta las manos del cliente. ¿Por qué? Porque un antojo se pasa con el tiempo, no dura más de 20 minutos (según los expertos), el hambre en cambio: no se quita con el tiempo.

Sacrificar el presente en aras de un futuro mejor, la espera, la paciencia, la construcción a largo plazo: simplemente no está de moda. Lo podemos aplicar a la comida, a las relaciones personales y hasta a la política.

¿A qué nos lleva eso?

A la falta de planeación, a ejecuciones mediocres y a resultados negativos. Satisfacción: hoy, hoy, hoy.

¿Para qué hacer estudios de impacto ambiental o viabilidad de un tren o un aeropuerto si eso lleva tiempo? No, rápido, rápido, es hoy, mañana ya no tiene impacto, mañana los ciudadanos ya no se emocionan.

¿Y las consecuencias? No importa, habrá nuevas necesidades, nuevas satisfacciones inmediatas.

¿Para qué cancelar el Seguro Popular sin antes tener perfectamente planeado y estructurado el INSABI? Para dar la nota rápido.

¿100 universidades públicas en unos meses? ¡Por supuesto! Solo se necesita improvisar.

¿Una Constitución Moral? ¡Claro! Busca algo que ya exista y rápido: presúmelo.

Así este gobierno ha ido improvisando para poder palomear 100 promesas de campaña: satisfacción inmediata.

¿Y cuál es el problema?

En mi último artículo hablaba de cómo afectan las hormonas a los fanáticos, al igual que a los enamorados. Aquí aplica también: bajo el efecto de las hormonas hay parejas que corren a la velocidad del rayo. En unas semanas formalizan, conocen a los amigos, a la familia, viajan juntos, a los meses se casan o viven juntos, compran o construyen una casa, a los dos años ya tienen familia y a los pocos años son una pareja de “viejitos emocionales”; lo único que les queda por vivir es la rutina o pelear. Ya no hay hormonas y han vivido en un par de años todo lo que nuestros papás vivieron ¡¡¡en 10 ó 20 años!!!

¿Qué queda? La siguiente satisfacción inmediata: desechar e ir por el siguiente.

Lo mismo pasa con los políticos: la emoción del triunfo que implica una dosis de hormonas hace que los que votaron por ellos pasen algunos “detallitos” desapercibidos y se emocionen con los “logros” como si se hubieran planeado y ejecutado de manera excepcional. Pero si “cumples” tus 100 compromisos en solo dos años ¿qué te queda?.

Si eres un político chatarra prepárate: puedes ser desechado para ir tras la siguiente satisfacción inmediata, o el político que se las ofrezca.