“Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo… y yo soy mi mundo”

Cuando leo que hay un 60% de personas en Estados Unidos que cree que la tierra es redonda pero un 40% que no está segura o cree que la tierra es plana, caigo en cuenta de lo frágil que se ha vuelto el conocimiento científico y la fuerza que ha tomado el “complotismo” o las teorías de conspiración.

Lo más divertido es que se sustentan en videos de YouTube o blogs con pruebas “irrefutables” de personas que no tienen los conocimientos para hacer tales aseveraciones. Pero las personas creen lo que quieren creer y una vez que han adoptado una postura, no importa la realidad: aunque sepan que están mal.

En un ejercicio que se publicó en el diario “El País” podemos entenderlo. Le preguntaron a un grupo de personas:

“¿En cuál de estas fotos ve usted a más gente? En la foto B, de la toma de posesión de Donald Trump, se veía a mucha menos gente que en la foto A, de la inauguración de Barack Obama, llena hasta la bandera. El 15% de los votantes de Trump dijo que había más gente en la foto B, un error manifiesto. ¿Tienen un problema de visión, alguna carencia cognitiva, para llevarle la contraria a un hecho tan evidente? Es más sencillo: a veces, cuando discutimos sobre hechos, en realidad no estamos discutiendo sobre los hechos. Ese 15% sabe que dar la respuesta A es reconocer que Trump es un mentiroso y, por tanto, admitir que han votado a un mentiroso.”

Foto de internet

Lo que sucede con Trump sucede en México todos los días. La polarización nos ha llevado a que una parte de la sociedad defienda lo que sabe que no es cierto con tal de no admitir que apoyan a una persona que miente todos los días. Pero eso no es todo, la otra parte insiste en convencer a los otros de que está mintiendo. Lo saben. No son los errores de Andrés lo que los hará cambiar de parecer, porque están convencidos de que la tierra es plana, es decir: que la culpa de todo es de gobiernos anteriores.

Aquí está el verdadero trabajo de la oposición: en demostrar, sin defender lo anterior, que no todo estaba mal. Que no todo es culpa del pasado. Pero aceptando lo que sí es y proponiendo, son las propuestas incluyentes las que convencerán: no el discurso excluyente.