Espero que estas sean las últimas palabras que dedico en este espacio a alguien que he admirado porque ha dejado de estar con nosotros, hoy imposible no detenerme y abrazar el recuerdo de Carlos Ruiz Zafón, de sus palabras.

“Los libros son espejos: sólo se ve en ellos lo que uno ya lleva dentro”.

Desde que leí la Sombra del Viento y conocí el cementerio de los libros olvidados me gusta imaginarme a las personas como libros. Me gusta pensar que en mi biblioteca personal tengo guardados todos estos libros en donde el autor me abrió sus páginas en blanco para dejarme escribir con él algunas frases, algunos párrafos, algunas páginas y también en casos especiales: muchos capítulos.

Me gusta pensar que en la oscuridad de las noches puedo caminar por esa biblioteca cuando nadie me ve, cuando hay magia en la tenue luz de la luna. Camino entre ellos y puedo escoger el libro que más me llama en ese momento: hojear, leer, recordar, descubrir y agradecer por tantos y tantos libros que hay ya en mi biblioteca personal.

Así como en la “vida real” si es que eso existe, mi biblioteca es una mezcla de libros muy diferentes. No soy del tipo de persona que tiene en su biblioteca libros ordenados por tamaños y hasta colores de la pasta. No son libros de ornato, son historias de vida.

La mía es una biblioteca colorida en donde se puede encontrar un libro pequeñito y de pasta colorida junto a uno empastado en piel que grita todo el día: ¡silencio! a los escandalosos de junto.

Ruiz Zafón me marcó la vida porque sin querer me hizo imaginarla diferente. La Sombra del Viento es una historia de amor con tanta oscuridad y un final inesperado que podría ser un retrato mío… en tantos sentidos. Romántico, oscuro e impredecible. No le falta aventura, misterio, aprendizaje y unos grandes personajes.

“Cuando muera todo lo que es mío será tuyo, menos mis sueños.”

A veces fantaseo con conocer a los autores de los libros y llenarlos de preguntas, pero no, no lo hubiera hecho con Ruiz Zafón. Así como los sueños, los libros que leemos se vuelven nuestros, ya no importa qué lo hizo escribir, qué sentía. Ahora importa lo que me dejó y la forma en la que me marcó.

Eso es lo que nos dejó y espero que haya dejado pocos sueños pendientes. Que su vida haya sido como sus libros, memorable.

“Si nadie se acuerda de ti, no existes.”

Por lo menos yo lo haré, seguirá existiendo en mí cada vez que camine entre los libros de mi biblioteca.