Ayer el del director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, hizo una declaración sobre la pandemia que viene muy en sintonía con las últimas declaraciones del organismo:

“no tenemos una bala de plata en este momento y quizás nunca haya una cura”.

Ya habían dado muestras de ser poco optimistas con el desarrollo de esta pandemia y las razones son muchas. Primero, en meses no se ha podido encontrar un tratamiento efectivo; segundo no se ha encontrado una vacuna; tercero y más importante: los virus mutan. Un ejemplo es la influenza, pocas personas saben que la vacuna de influenza se modifica cada año antes del invierno. Las modificaciones que se hacen son calculadas por científicos y tienen un margen de error siempre,  hasta ahora se ha logrado prevenir una pandemia como la de H1N1, pero eso no quiere decir que no vayan a fallar nunca.

Lo mismo pasará con Covid. Una vez encontrada la vacuna, se espera que el virus mute y cada x tiempo se tenga que ajustar la vacuna. Contrario a lo que pasa con la influenza, Covid no ha sido hasta ahora un virus de temporalidad: de estaciones frías. Ha logrado mantenerse igual de agresivo en primavera y verano que como lo hizo durante el invierno.

Por otro lado la influenza es una enfermedad del sistema respiratorio: pulmones, nariz y garganta. Hasta dónde se sabe, Covid-19 no sólo es capaz de provocar daños en los pulmones, también puede causar daños en otros órganos como el corazón, el hígado y los riñones, así como a los sistemas sanguíneo e inmunitario. Se requiere de mayor investigación.

Su fácil contagio y la falta de un tratamiento específico ha complicado no sólo el manejo de los pacientes con Covid .

“Muchas personas que necesitan tratamiento contra enfermedades como el cáncer, enfermedades cardiovasculares y diabetes no han recibido los servicios sanitarios y los medicamentos que necesitan desde que comenzó la pandemia de COVID-19.”

Para complicar más las cosas, esta pandemia ha tenido un impacto en la economía, como no se había visto en la historia moderna. Entonces tenemos la tormenta perfecta: un virus que se contagia fácilmente, para el que no tenemos vacuna ni tratamiento y que estará mutando por lo que mientras más tiempo se tarde la vacuna, su efectividad será menor. Y mientras más tiempo pasa, las economías más se afectan.

¿Qué podemos hacer? Prevenir.

“El mensaje a la ciudadanía y a los gobiernos es claro: háganlo todo”, dijo Tedros, en referencia al uso de mascarillas, mantener el distanciamiento físico, lavarse las manos periódicamente y, en el caso de los gobiernos, realizar exámenes para poder aislar a los contagiados.

La única solución que ve la OMS de momento es la prevención. Mientras menor sea el número de contagios, menores las mutaciones, mayor efectividad de la (s) vacunas y mejor pronóstico a futuro.

¿Nos vamos a esperar a que se termine la corrupción para tomar todas las  medidas como lo recomienda el director de la OMS? o ¿vamos a dejar que se infecten más personas, haya más mutaciones del virus y así, el día que llegue la vacuna su efectividad sea mucho menor de lo que será en otros países?

Al final siempre le podemos echar la culpa a la Coca Cola.