La carrera por encontrar una vacuna para el Covid ha tomado muchos matices, tal vez como nunca: se ha convertido en un juego geopolítico.

Covid-19 no es solo una enfermedad: es una pandemia que tiene efectos graves en la salud, pero también por su alto contagio se ha convertido en un modificador de  la vida de las personas de todo el mundo.

Es la primera enfermedad en la historia moderna que ha obligado a parar actividades económicas y sociales de prácticamente todos los países, al menos, por periodos cortos de tiempo.

Las consecuencias en todos los ámbitos de la vida ya se comienzan a ver, otras tardarán en reflejarse. Pero lo que ha sido evidente es que tiene un impacto durísimo en las economías de los países.

Mientras que hoy hay 4 vacunas en su etapa final de investigación, Rusia anuncia que durante la primera quincena de agosto se le otorgará la autorización sanitaria a la vacuna que sus científicos han desarrollado. Solo un par de días después de que Mike Pence hiciera una declaración en donde se mostraba optimista porque seguramente tendrán lista la vacuna a finales de año. “Estados Unidos primero” y después el mundo dijo.

No hay ningún laboratorio farmacéutico en el mundo con la capacidad de producir vacunas y distribuirlas a todos los habitantes de este planeta. Por eso los gobiernos se han adelantado para asegurar que sus gobernados tengan la vacuna antes. Pero no es la salud lo que tienen en mente, es la economía. Al encontrar una vacuna se podrá rápidamente reactivar por completo las actividades económicas. Se podrá también regresar a la normalidad en los centros de salud y todo esto se traduce en $$$.

Ahora pensemos lo que significa en este complejo momento económico para un país ser el primero en reactivar por completo su economía, sin riesgo de un rebrote. Sabiendo, además, que pasarán meses antes de que el resto del mundo lo pueda hacer. Significa mucho dinero y eso, eso es lo que ha llevado a los gobiernos a apoyar y presionar a sus científicos para ganar esta batalla.

¿Qué tanto? tal parece ser que mucho. La vacuna rusa no completó la segunda fase, la tercera se hará con el medicamento aprobado y los resultados de la primera fase no son públicos. Pero dicen los que saben que Putin necesita subir su aprobación a pesar de que ya se aprobó el plebiscito que le permitiría quedarse en el poder hasta el 2036.

Lo interesante será saber qué pasa con la popularidad de Trump que no le dará tiempo de tener una vacuna en el mercado antes de las elecciones de noviembre, mientras que Rusia, con o sin estudios completos, segura o no para el ser humano: la tendrá.

Ya de América Latina y México ni hablamos. A lo más que aspiramos este año es a ser conejillos de Indias como lo han hecho los brasileños con las vacunas en investigación. Será, si bien nos va, en el 2021 que empiecen a llegar las vacunas. Limitadas y al sector privado. Después (nadie estima cuándo) llegarán a la población en la que hemos tenido más decesos.

Con este panorama poco alentador sólo quedaría exigirle al gobierno una campaña de información más clara. Sin picos y picos y picos, sin falsas pretensiones como: “ya domamos la pandemia”. Y sí, aunque les moleste, con el uso obligatorio del cubrebocas en todo el territorio mexicano y para todas las personas. Sin importar que traigas un detente en la cartera, tomes nanopartículas de cítricos o no hayas leído los estudios de efectividad que (SÍ) existen:

Hoy más que nunca la vida de las personas y la recuperación económica del país depende de ello.