El actual régimen y en especial Andrés, se ha caracterizado por tener una gran cantidad de seguidores, fanáticos, aplaudidores o como usted les quiera llamar. Son aduladores de tiempo completo que se encuentran en las redes sociales repitiendo cosas como: “es un honor estar con Obrador” o “el mejor presidente de la historia” sin hacer un solo cuestionamiento que equilibre y dé validez a sus palabras.

Los aduladores son tan viejos como la misma política y han sido históricamente una pieza clave en el mantenimiento del poder absoluto. John Locke, uno de los filósofos más influyentes del siglo XVII, en su “Segundo Tratado sobre el Gobierno Civil” hace una crítica contundente sobre la naturaleza perniciosa de esta relación.

Locke, conocido como el “padre del liberalismo clásico”, fue un pensador inglés cuya obra sentó las bases del pensamiento político moderno, especialmente en lo que respecta a los derechos naturales y el contrato social. Su trabajo ha influido profundamente en la formación de las democracias occidentales y en la defensa de la libertad individual frente a la tiranía. Según Locke, el poder absoluto es inherentemente corrupto, y su perpetuación depende en gran medida de la existencia de individuos que, movidos por el interés propio, halagan y justifican las acciones del gobernante, sin importar cuán injustas o tiránicas sean.

Locke afirma que el poder absoluto “es en sí mismo contrario a la vida, libertad y propiedad” de los individuos, pues carece de los límites que un gobierno justo debería respetar. En este sentido, los aduladores juegan un papel crucial, ya que son ellos quienes crean y mantienen una atmósfera en la que el gobernante se ve rodeado de afirmaciones y halagos que refuerzan su autoridad sin cuestionamiento alguno. Locke observa que “aquellos que rodean al tirano están más interesados en su propio bienestar que en el bien común”, y es precisamente esta dinámica la que permite que el poder absoluto prospere.

Los aduladores, al enfocarse en satisfacer los deseos y necesidades del gobernante, refuerzan su posición y lo aíslan de la realidad, creando un círculo vicioso en el que la crítica y el disenso son sofocados. Esto conduce a un escenario en el que el poder se concentra de manera peligrosa, lo que Locke describe como una forma de gobierno que “es nada más que el ejercicio de la voluntad de alguien sobre la ley”. En otras palabras, los aduladores contribuyen a la erosión del estado de derecho al elevar la voluntad del gobernante por encima de las normas y principios que deberían regir la sociedad.

Locke también subraya que esta relación entre el poder absoluto y los aduladores no solo es perjudicial para la sociedad en general, sino también para el propio gobernante. Al estar rodeado de adulación constante, el gobernante pierde contacto con la realidad y se vuelve cada vez más déspota en su toma de decisiones, convencido de su propia infalibilidad. Esto, según Locke, inevitablemente conduce a la “ruina y destrucción” tanto del tirano como de sus súbditos, pues el poder absoluto, sostenido por la adulación, termina por colapsar bajo su propio peso.

Además, Locke argumenta que la existencia de aduladores es un síntoma de un sistema de gobierno corrupto y mal diseñado, en el que las instituciones y las leyes han fallado en proporcionar los frenos y contrapesos necesarios para limitar el poder. Los aduladores, en lugar de servir como un canal de retroalimentación y crítica constructiva, se convierten en una barrera que impide la corrección de los errores y fomenta la perpetuación de un sistema opresivo.

Hay una relación directa entre la existencia de aduladores y el poder absoluto. Locke advierte que, mientras exista un entorno que premie la adulación, el poder absoluto seguirá floreciendo, con consecuencias desastrosas para la libertad y la justicia. La crítica de Locke es un recordatorio de que la salud de una sociedad depende no solo de sus leyes e instituciones, sino también de la disposición de sus ciudadanos a rechazar la adulación y a cuestionar al poder.

Tal vez y solo digo tal vez, hemos equivocado nuestros esfuerzos, tal vez la solución es enfocarse en el adulador y no en poder, sea de quien sea.