Desde que se anunció la aprobación de la vacuna de Pfizer, primero en Gran Bretaña y luego en Estados Unidos, se generó un sentimiento de “luz al final del túnel”. Sin embargo, parece que es un sentimiento con más de esperanza e ilusión que de realidad, por lo menos a corto plazo. Esto no sirve mucho en países como México, en donde el gobierno ha sido contradictorio y muy tibio con las medidas preventivas. Ante la falta de restricciones severas y apoyos económicos, la población ha actuado de manera irresponsable con su salud o tal vez responsable con sus ingresos.

Si a esto le sumamos un mensaje triunfalista de una campaña de vacunación que no está funcionando como debería, puede resultar muy mal.

Revisemos los números. Primero habrá que considerar que para que se logre la inmunidad colectiva se requiere que se vacune a un porcentaje alto de la población. ¿Qué porcentaje? No lo sabemos todavía, pero sí lo sabemos de otras enfermedades, según la Organización Mundial de la Salud:

  • para lograr la inmunidad colectiva contra el sarampión es necesario vacunar aproximadamente al 95 % de una población.
  • en el caso de la poliomielitis, el umbral es aproximadamente del 80%.

Supongamos que solo se requiere que un 75% de la población esté vacunada para alcanzar la inmunidad colectiva. ¿Cómo lo podemos lograr si de entrada 30.8% de la población en México (según datos del INEGI) tiene entre 0 y 17 años y las vacunas no están autorizadas para menores de 16 años?

Pero vamos a ser optimistas y supongamos que pronto se podrán vacunar los niños entre 12 y 15 años, ya que Pfizer ha anunciado este 22 de enero que ha finalizado la incorporación de 2000 niños al estudio. Esto abriría la puerta a que en unos meses se autorizara su uso en este grupo de edades.

Entonces los niños ya no serían un problema mayor, pero nos encontramos con otro: no todas las personas se quieren vacunar. Y a eso le sumamos los problemas más evidentes: no hay vacunas y la velocidad con la que se están aplicando las que hay es insuficiente para lograr la inmunidad en el corto plazo.

Veamos los números. Se están aplicando en promedio 630 mil vacunas al mes; se tienen que aplicar 96 millones de vacunas nos tardaríamos 12.6 años en lograrlo sin considerar que algunas vacunas necesitan refuerzo y que debido a las mutaciones se necesitará tal vez una nueva vacuna como anunció el CEO de Pfizer.

Hasta el día de hoy tenemos  1.86 millones de contagios y 158,000 muertes. No se ve cercano que se logre vacunar a un porcentaje suficiente de la población para volver a las actividades “normales” y más allá de los problemas evidentes como las muertes y la economía, estaremos sufriendo otros problemas de salud que se quedarán aún cuando la pandemia se controle:

  • Entre el 2 y el 5% de las personas con COVID sintomático desarrolla migraña crónica un padecimiento altamente incapacitante*
  • Una tercera parte o un poco más de los pacientes que son hospitalizados tienen elevaciones de los marcadores de daño miocárdico*
  • Se habla ya de la cuarta ola de la pandemia para referirse a los problemas de salud mental.

Estos son solo unos ejemplos a los que se pueden sumar daños pulmonares, neurológicos, complicaciones en pacientes que no recibieron tratamiento adecuado durante la pandemia y varios más. Estas personas con mayores o menores secuelas post-covid, tendrán la durísima tarea de recuperar una economía que todavía no sabemos hasta donde caerá.

Por eso urge concientizarse de que la vacuna no es, en el corto plazo, la solución: es solo una parte. Se requiere un plan mucho más estricto que incluya todo lo que los especialistas han mencionado:

  • Vacunar a la mayor cantidad de personas posible.
  • Uso de cubrebocas obligatorio
  • Distancia social
  • Restricciones para reuniones y fiestas
  • Pruebas y aislamiento para personas contagiadas
  • Restricciones y controles en vuelos y fronteras

Si seguimos esperanzados solo en la vacuna y relajándonos con la esperanza de que “pronto” nos vacunaremos: hemos perdido la batalla contra el virus.

*https://gacetamedica.com/investigacion/secuelas-de-la-covid-19-un-analisis-por-especialidades/