¿Vemos lo que queremos ver?

Esa es una pregunta, incluso una afirmación, que constantemente podemos leer y escuchar. Es cierto, muchas veces vemos y escuchamos lo que queremos. Vayamos unos minutos a Hollywood para ejemplificarlo: ¿por qué películas como “Los Otros” o “Sexto Sentido” logran sorprendernos con su final? si cuando repasamos los hechos nos damos cuenta que era algo un tanto obvio: los protagonistas estaban muertos.

La respuesta es sencilla, porque no vamos al cine a ver lo que nuestros marcos de referencia nos dicen que es algo triste. Vamos a ver aquello que Hollywood durante años nos condicionó a ver: “se casaron y vivieron felices para siempre”.

¡Finales felices! De eso se trata Hollywood y a eso vamos al cine, a ver finales felices. Una parte de nosotros lo desea aunque sepa que no es cierto, la realidad nos demuestra que los finales felices de las películas no existen.

Aunque no seamos conscientes nuestro cerebro adapta la realidad a nuestros deseos. Si deseamos que suceda algo y pasa lo contrario, vendrá un proceso de adaptación de la realidad: los hechos, la evidencia todo lo que está frente a nosotros se modifica hasta que se ajuste en mayor o menor medida a lo que deseábamos.

Esto tiene un nombre en psicología: wishful thinking en inglés, pensamiento desiderativo en español.

“Una ilusión en la formación de creencias y la toma de decisiones en función de lo que podría complacernos imaginar, en vez de apelar a la evidencia, a la racionalidad o a la realidad. Es el producto de resolver conflictos entre la creencia y el deseo.”

“Wishful thinking: belief, desire, and the motivated evaluation of scientific evidence.” Bastardi A

Si lo queremos resumir podemos decir que “El deseo mata la lógica” y con ello cualquier proceso de lógica en el cerebro. Entramos en un mundo de ilusión en donde la realidad no se moldea de datos fríos, se construye con sentimientos.

¿Y qué es lo que está mal aquí?

No son pocas las personas que viven fantaseando y probablemente la pregunta sería si esto es algo malo. De cualquier manera la realidad es subjetiva y cada individuo vive la suya, ¿por qué preocuparse del pensamiento desiderativo? Porque ha sido una herramienta de manipulación utilizada por los políticos y los grupos de poder.

No es de extrañar que los mensajes políticos se construyan sobre los deseos de las personas, sobre todo de las mayorías para asegurar un triunfo electoral o la permanencia en el poder. El colectivo desea ser escuchado, desea seguridad, desea bienestar, desea muchas cosas. Por lo tanto, si quieres un buen mensaje político, no hables de lo que puedes hacer: habla de lo que las personas desean. Mientras más emotivo sea el mensaje, mayor será el efecto, el pensamiento desiderativo.

“Puedes ignorar la realidad pero no puedes ignorar las consecuencias de ignorar la realidad.”  Ayn Rand

En cualquier área de la comunicación y de la psicología que se estudie el comportamiento de masas podemos encontrar información sobre el pensamiento desiderativo de alguna u otra manera. Pero ¿qué pasa cuando es el mismo gobierno el que tiene este pensamiento desiderativo? cuando todos los días se toman decisiones con base en deseos que están muy, muy alejados de la realidad.

Pongamos un ejemplo sencillo: en medio de una pandemia el presidente plantea como una de las medidas de apoyo a la economía el crear dos millones de empleos. En 2019 se crearon 342 mil empleos, sin pandemia y sin los problemas económicos que se tendrán que enfrentar este año. Pero el presidente lo cree, o mas bien: lo DESEA.

Genio de la lámpara

¿Miente? Por supuesto, porque no existen las condiciones para crear esa cantidad de empleos, pero eso no quiere decir que él no lo crea o no lo desea, lo que lo hace todavía peor. El país está en manos de un presidente que actúa como si tuviera una lámpara maravillosa con un genio que le hará realidad todo lo que desea. Para rematar, una parte de la población concuerda con que el genio existe y validan el actuar irresponsable como un buen actuar, porque así lo desean: desean que se haga realidad y eso simplemente no sucederá: el genio de la lámpara no existe.

Han vuelto al país un esclavo del deseo.