Se ha hablado tanto de la polarización del país que me parece que estamos más cerca de agotar y desechar el tema que de buscar posibles soluciones. La principal causa es que el enfoque solo ha ido en dos sentidos: ignóralos, bloquéalos de redes sociales o trata de dialogar, presenta pruebas; en algún momento se darán cuenta.

Pero parece que ninguna de las dos opciones nos ha movido ni un centímetro para un lado o para el otro. Es como este juego que se juega en los campamentos en donde hay una cuerda con un pañuelo en medio. En cada extremo de la cuerda un equipo jala tratando de vencer (por la fuerza) al equipo de enfrente. ¿Quién gana? La mayoría de las veces el que no se da por vencido. En otras ocasiones el que tiene en su equipo a los más fuertes o con mejor equilibrio.

Así México se va jaloneando para un lado y para el otro esperando más que el de enfrente se caiga que tratando de llegar a acuerdos.

¿Por qué?

Porque no importa ya lo que diga un lado o el otro, todos tenemos un sesgo de confirmación.

¿Qué es eso?

Pues habría que empezar por explicar que el psicólogo cognitivo Peter Cathcart Wason realizó una serie de experimentos para ver si las personas buscan o tienden a buscar solo o mayoritariamente información que confirme sus creencias existentes. Lo confirmó:

“Creemos lo que queremos creer, vemos lo que queremos ver.”

Podemos encontrar mucha información sobre el tema, porque con el tiempo se ha ido investigando y las conclusiones siempre nos llevan a que nuestro cerebro de alguna manera se las ingenia para buscar todo lo que nos confirme que tenemos la razón en nuestros pensamientos, juicios y hasta sentimientos. Incluso pensamos que las personas que tienen nuestras mismas creencias y valores son más inteligentes.

Si escuchamos una noticia mala de un “enemigo” nuestro cerebro inmediatamente hará un juicio como: “nunca me equivoco, esta persona no es buena.” Sin embargo podemos escuchar la misma noticia de un amigo y entonces nuestro cerebro será mucho más flexible con los juicios: “solo se trata de un chisme.” El sesgo de confirmación tiene una característica que nos hace, en el mejor de los casos, estancarnos: no importa la información que recibamos la vamos a utilizar para confirmar lo que pensamos.

Un claro ejemplo de esto es lo que estamos viviendo hoy en México.

Cualquier noticia negativa que salga de AMLO o de algún miembro de Morena, no pasa ni siquiera filtros de verificación. De inmediato los que apoyan a AMLO llegarán a la misma conclusión: los atacan. “Es una campaña de desprestigio.”

Para los que están del lado de la oposición será, también sin filtros de verificación, la prueba de lo mal que lo están haciendo.

Un claro ejemplo es el video del candidato a Gobernador de Zacatecas David Monreal. El video es clarísimo y ahí está. Pero para él no significa mucho. Sabe que las personas que apoyan el movimiento se quedarán felices con una explicación que alimente sus prejuicios: es un montaje de la oposición. Con eso basta.

Pío, Clara Luz, Gatell y hasta el mismo AMLO han sido exhibidos en videos. ¿Qué pasa? No mucho. Porque sus seguidores piensan, están convencidos de que hay una campaña en su contra y ellos solo tienen que reafirmar su creencia.

¿Qué sigue entonces?

Se los platico después porque según la psicología sí hay formas de terminar con el sesgo de confirmación y no, no es con datos.