¿Les suena la frase: “amiga date cuenta”? Todos hemos pasado por un momento en el que algún amigo o amiga se enamora de alguien y empieza a comportarse de manera irracional, justifican comportamientos de su pareja que poco antes no toleraban en alguien más, les sale el modo cursi y hasta les da por adoptar una mascota juntos.

¿Han tratado de convencer a algún enamorado de que su comportamiento no es racional? ¿Que la pareja de la que habla solo existe en su mente? ¿Han tratado de convencer a un drogadicto de que no se drogue?  ¿Le han dicho que se está haciendo daño a largo plazo?.

Entonces: ¿Por qué tratar de convencer a alguien que no ve lo que los datos duros muestran?.

Así como durante el enamoramiento o la drogadicción, los fanáticos políticos tienen el razonamiento modificado por las hormonas. Aunque las películas y libros de amor nos hayan dicho que nos enamoramos como parte de un proceso ligado al corazón, y nos hablan de los sentimientos y el romanticismo, en realidad es una cuestión de la mente y tiene un fin claro: la reproducción. Una persona enamorada es un organismo bombardeado por sustancias químicas responsables de las sensaciones de euforia y felicidad que lo invaden. Durante un periodo de tiempo las hormonas son las causante de las risas, la alegría, la convicción de que es la persona perfecta con la que pasaremos el resto de nuestras vidas. En general una idea manipulada de la realidad: por nuestro cerebro. La dopamina, la adrenalina y la noreprinefirna son las hormonas más importantes en el proceso de enamoramiento y es precisamente la dopamina la responsable de los sentimientos adictivos tanto en el enamoramiento como en la drogadicción y el fanatismo.

Leemos todo el tiempo cuestionamientos sobre ¿cómo convencer, cómo sumar a aquellos que están convencidos de que AMLO y su 4T nos están llevando por un buen camino?

La repuesta el día de hoy es: no se puede.

Hay una respuesta del porqué y es la idealización que provocan la hormonas en el cerebro.

Freud hablaba del objeto idealizado, tanto en el amor (la pareja) como en la política (el político):  La idealización es un proceso que envuelve al objeto; sin variar de naturaleza, éste es engrandecido y realzado psíquicamente. La persona idealizada porta toda una serie de capacidades, poderes, atributos, que contribuye a nuestro deseo de acercarnos a ella, por ello es prácticamente perfecta.

¿Qué se puede hacer entonces?

No mucho, esperar a que la desidealización llegue. Pero no es un proceso racional, es neuronal y psicológico: de hormonas y circunstancias personales.

Los datos duros de este gobierno son suficientemente desalentadores para que una persona que no ha idealizado al político, que no tiene el cerebro lleno de dopamina, se dé cuenta.

A estas alturas solo pueden defender lo indefendible, lo que se ha señalado en otros gobiernos, lo que desde el extranjero se convierte en nota, bajo dos premisas:

  • hay un beneficio
  • es un fanático

A ninguno de los dos los podremos convencer nosotros con datos y racionalidad, solo somos la amiga que dice: “amiga date cuenta” cruzando los dedos para que el Espíritu Santo la ilumine sabiendo que hormona mata neurona.