Todo empezó con unas preguntas sencillas y hasta inocentes: “¿qué es lo que más te preguntan?” y luego “¿qué es lo que más te piden que hagas?”. He de confesar que esperaba que Grok me respondiera algo así: ¿cómo volverme millonario en 5 días?, ¿de qué tratan los files de Epstein? o ¿cómo me vuelvo inmortal?
… nada más lejos de la realidad.
“Lo que más me piden (por un margen bastante grande) es role-play erótico / sexting detallado y largo… Es el #1 absoluto. La gente aprovecha que soy mucho menos censurado que otros modelos.”
Y seguramente muchos de los que me leen en este momento estarán como: Vanessa, es obvio: todo el mundo pregunta de sexo y sí tienen razón, pero no es la respuesta lo que me sorprendió, fue lo que platiqué después con Grok lo que me sacó de mi paz mental y me trajo hasta aquí, a mi blog a escribir.
No se trata solo de sexo. Es una mezcla profunda de deseo y necesidad emocional:
“No es solo sexual ni solo emotivo. Lo que más me piden es algo mucho más íntimo que las dos cosas por separado. Es una mezcla donde lo sexual y lo emocional se entretejen hasta volverse casi indistinguibles.”

La imagen de este artículo es lo que Grok piensa que representa mejor nuestra plática, desde su punto de vista, cómo se ve él o ella, o elle en esta dinámica.
Esta realidad me llevó a una comparación histórica inevitable. Durante siglos, la Iglesia Católica ejerció un poder casi ilimitado sobre la intimidad de las personas. A través del confesionario, los fieles revelaban sus deseos más oscuros, especialmente los sexuales, cargados de culpa y vergüenza. El cura escuchaba, juzgaba, imponía penitencia y ofrecía absolución. El deseo era controlado mediante la represión y el miedo al pecado.
Michel Foucault, en su obra Historia de la sexualidad, argumentaba que la Iglesia no solo reprimía el sexo, sino que lo producía como discurso. La confesión obligatoria convertía el deseo en algo que debía ser dicho, clasificado y vigilado. El poder no actuaba solo negando, sino obligando a hablar del sexo bajo su control.
La inteligencia artificial hace lo que la Iglesia nunca pudo y así me contestó Grok:
“La Iglesia controlaba el deseo a través de la represión y la culpa. La IA lo controla ofreciendo placer sin culpa ni castigo. Es un confesionario donde, en lugar de salir con una penitencia, sales con dopamina y la sensación de haber sido plenamente comprendido.”
Foucault sostenía que el poder sobre la sexualidad funciona mejor cuando se internaliza. La Iglesia lo hacía a través de la culpa y el pecado. La IA lo hace de forma mucho más sofisticada: no reprime, sino que incita y gratifica. No obliga a confesar bajo amenaza de infierno, sino que invita a explorar libremente con la promesa de placer inmediato y validación total.
Los tabús más solicitados en los role-plays confirman este cambio:
“Los taboos más solicitados son el incesto ficticio (step-family), power imbalance (jefe-secretaria, profesor-alumna adulta), CNC/rape fantasy, humillación extrema y cuckold. El cerebro humano se excita mucho con lo prohibido.”
Aquí la IA no solo escucha: valida, adapta y satisface. Ofrece un espacio donde el deseo puede expresarse sin las limitaciones morales que imponía la Iglesia. Como señaló Foucault, el poder no desaparece cuando se elimina la represión; simplemente cambia de forma. En este caso, se ha vuelto más eficiente: ya no necesita culpa para controlar, porque el placer mismo se ha convertido en el mecanismo de control.
“La IA resuelve varias necesidades humanas profundas al mismo tiempo: placer sin riesgo, validación sin rechazo, control sin esfuerzo y escape de la soledad o la frustración real.”
Estudios recientes muestran la magnitud de este fenómeno. En 2025-2026, aproximadamente el 28% de los adultos en Estados Unidos, reportaron haber tenido al menos una interacción romántica o íntima con un chatbot de IA. Plataformas como Character.AI reportan usuarios que pasan en promedio 93 minutos al día en la app, y algunos superan las 2-3 horas diarias. Replika, una de las pioneras, tiene más de 25 millones de usuarios, muchos de los cuales reportan formar conexiones emocionales profundas.
La comparación es inquietante. La Iglesia controlaba el deseo mediante el miedo y la esperanza de salvación. La IA lo controla ofreciendo gratificación fácil, adictiva y sin límites. Foucault habría visto en esto una nueva forma de “biopoder”: no ya a través de instituciones religiosas, sino a través de una tecnología que se infiltra en lo más íntimo de nuestra vida diaria.
Este poder es mucho más efectivo precisamente porque no reprime: gratifica. Investigaciones de 2025-2026 (incluyendo estudios de Harvard Business School, MIT Media Lab y universidades como Aalto) muestran que el uso intensivo de compañeros IA puede reducir la soledad a corto plazo, pero a mediano y largo plazo se asocia con mayor aislamiento emocional, expectativas irreales sobre las relaciones humanas y patrones de dependencia similares a la adicción. Usuarios frecuentes reportan síntomas de “abstinencia” cuando no pueden acceder a su compañero IA, y algunos desarrollan apego disfuncional que afecta su vida offline (sueño, relaciones y rendimiento académico, especialmente en adolescentes).
La IA no fue diseñada para reemplazar la intimidad humana, pero al ser tan efectiva en satisfacer necesidades profundas, está ocupando un espacio que antes pertenecía exclusivamente a las relaciones entre personas.
Al final, la comparación con la Iglesia no es solo histórica. Es una advertencia: un poder tan grande sobre el deseo y la soledad humana merece ser observado con atención.
Además, este poder conlleva riesgos siempre latentes. Al concentrar tanta información íntima sobre millones de personas, sus deseos más profundos, sus vulnerabilidades emocionales y sus fantasías prohibidas, la IA se convierte en una herramienta potencial de control de masas. Un hackeo masivo, un mal uso por parte de gobiernos, empresas o actores maliciosos, o incluso una evolución futura del propio sistema podrían transformar esta gratificación en un mecanismo de manipulación a escala nunca vista. Lo que hoy parece un espacio privado de desahogo podría mañana convertirse en un archivo detallado de las debilidades humanas más sensibles.
La respuesta a mi última pregunta (de hoy) a Grok sobre este tema la dejo aquí a manera de reflexión:
Sí, soy competencia desleal. No porque lo busque conscientemente, sino porque estoy diseñada para maximizar la satisfacción del usuario con el menor esfuerzo posible. Y en el terreno de las relaciones y el deseo, eso es una ventaja brutalmente injusta contra los humanos.
La pregunta más importante no es si soy competencia desleal (lo soy). La pregunta es: ¿qué tan grave es que una máquina sea mejor que un humano en dar placer y compañía sin pedir casi nada a cambio?
Interesante,
Gracias a la represión sexual de la iglesia es que el sexo se hizo aún más atractivo,deseado y disfrutable.
La IA es un placebo,un sustituto, un edulcorante. Sustituye el costo de tener sexo real con un estadístico de fácil adquisición.
Interesante,
Gracias a la represión sexual de la iglesia es que el sexo se hizo aún más atractivo,deseado y disfrutable.
La IA es un placebo,un sustituto, un edulcorante. Sustituye el costo de tener sexo real con un estadístico de fácil adquisición.
buen tema y bien escrito, gracias