Hace mucho tiempo que no escribo por aquí pero tengo desde hace semanas o meses la inquietud de hablar de un tema fundamental: las Instituciones.

¿Por qué es de mi interés?

Porque son los pilares de cualquier sociedad moderna y, al parecer, Andrés sigue pensando que las tiene que mandar al diablo.

Vamos por partes.

Lo primero que me gustaría apuntar de manera enfática es que: LAS INSTITUCIONES NO SON PERSONAS. No tienen cualidades de seres humanos. Por ejemplo, la corrupción de las instituciones que se señala en este sexenio como el INE o la Suprema Corte de Justicia. Y hago énfasis aquí: las instituciones NO SON inherentemente corruptas, no lo son por sí mismas, sino que la corrupción suele ser el resultado de acciones individuales o de la interacción entre personas que ocupan roles dentro de esas instituciones.

Pero… vamos a darle un poco de orden a las ideas ¿Qué es una Institución?

Una institución es una entidad organizada por personas que mantienen relaciones estables para lograr objetivos, regulada por prácticas, costumbres y normas, ya sean morales o legales. Puede variar en tamaño y ámbito, con una cultura compartida y reglas formales e informales. A menudo, implica jerarquías y puede surgir como respuesta a necesidades sociales o luchas de poder, adaptándose con el tiempo. Se clasifican según sus objetivos: pueden ser políticas, económicas, educativas, entre otras.

Entonces ¿las Instituciones están exentas de corrupción?

No, las instituciones pueden desarrollar una cultura o estructura que facilite la corrupción debido a la falta de controles adecuados, normas éticas débiles o sistemas que permitan o incluso fomenten comportamientos corruptos.

Las personas que forman parte de una institución tienen la capacidad de influir en su carácter ético y su integridad. Si los individuos que ocupan posiciones de poder o toman decisiones dentro de una institución actúan de manera corrupta, es probable que la institución misma se vea afectada por estas acciones.

Sin embargo, sigue sin ser una característica propia de la Institución y se resuelve con controles o cambios en las personas que las forman.

¿Es una buena opción deshacerse de las instituciones?

Muerto el perro se acaba la rabia, se dice coloquialmente, pero en este caso no solo es inexacto sino que es un sinsentido, ya que las instituciones desempeñan roles fundamentales en la estabilidad, regulación, protección, representación y desarrollo de las sociedades modernas, influyendo significativamente en la vida de los ciudadanos y en la forma en que se organizan y funcionan las comunidades y los países.

Terminar con las instituciones para crear otras es una pérdida de tiempo y destruirlas para que el poder ejecutivo se haga cargo de sus funciones es el fin de la democracia, por lo que hacerlo no es una opción. El darles características humanas como “corruptas”, es el juego del régimen para tener pretextos y apoyo dentro de sus seguidores en el momento de destruirlas.

Cuidemos nuestro lenguaje al referirnos a cualquier institución teniendo esto en cuenta porque como dicen por ahí: el diablo está en los detalles.

A meses de la elección federal más grande e importante de los últimos años, necesitamos Instituciones fortalecidas, no minadas por aceptar el mal y perverso uso del lenguaje y los términos que caracterizan a la propaganda de este régimen.