En estos casi tres años hemos visto al ejército humillado, a los padres de niños con cáncer desesperados manifestándose, a un hombre morir por COVID en la puerta de un hospital y todavía hay quien piensa en una reconciliación con los que defienden al régimen. Eso ya no es posible. Porque la reconciliación en realidad no sería con los ciudadanos, sería con quien aplaude los nulos resultados y un daño irreversible en muertes.

Andrés llegó a la presidencia con un gran apoyo social, pero lo ha perdido, hoy le queda poco y se irá apoyando cada vez más en el ejército, los narcos o ambos para mantener una narrativa.

No vendió los boletos para la rifa del avión, no juntó las firmas para la consulta,  ha fracasado rotundamente con su consulta ciudadana: ya NO tiene poder de convocatoria. ¿Y las últimas elecciones? La “convocatoria” fue del narco en estados clave para ellos. Eso es todo.

Por eso, hoy me queda claro que “la reconciliación” entre ciudadanos no existe. Hay una minoría que no quiere abrir los ojos y que serán poco a poco excluidos porque han decidido cegarse y apoyar no a otros ciudadanos sino a un narco estado, uno cruel y violento.

En lo personal he pugnado por la reconciliación en meses pasados, hoy ya no, porque la polarización se ha desequilibrado. No somos mitades, es un grupo en el poder con armas y un aparato propagandístico que construye una narrativa vs. la mayoría de ciudadanos. Los pocos que aún les creen, reciben algún beneficio económico: están regalando por unos pesos el futuro de sus hijos. Es inaceptable.

La corrección política hoy no es más que una tremenda hipocresía, no se puede comprender a un grupo de personas que señalan los agravios del pasado y con los de hoy: callan como momias.

Ahí están los videos de los hermanos de Andrés como prueba de que no está limpio, su narrativa de honestidad es insostenible. Sus hijos, sus hermanos, sus más cercanos colaboradores: TODOS metidos en escándalos de corrupción, que como nunca se dejan pasar. Sí, como nunca, porque hasta EPN se tomó la molestia de detener a ocho gobernadores  por presuntamente haber cometido diversos actos ilícitos.

Ahora ni siquiera, desvían la atención a “actores políticos del pasado” sabiendo que la mayoría de ellos legalmente no pueden ser juzgados. Los delitos han prescrito.

Por todo lo anterior y después de tres años con cifras negativas en todos los sentidos, hoy el que no quiere ver tiene que ser señalado como cómplice de un narco estado corrupto y violento. Preguntaba yo en mi último artículo si estamos sumando a la polarización: en realidad no, porque ésta no existe, en realidad es un tema entre el gobierno imponiendo una narrativa y los  ciudadanos exigiendo resultados. Los pocos que quedan apoyando al régimen se merecen el señalamiento social, si no quieren entender el daño que se está causando serán señalados como cómplices. Ya no cabe una reconciliación, sería hipócrita.